jueves, 31 de diciembre de 2009

El significado político de Venezuela en el Mercosur

EL SIGNIFICADO GEOPOLÍTICO DE VENEZUELA EN EL MERCOSUR

Dr. Miguel Ángel Barrios

* Doctor en Ciencia Política –Universidad del Salvador. Bs. As., Argentina.
* Doctor en Ciencias de la Educación –Universidad Tecnológica Internacional, -UTIC-. Asunción, Paraguay.
* Diplomado en Relaciones Internacionales –Escuela Complutense Latinoamericana- Universidad Complutense de Madrid.
* Autor de “El latinoamericanismo en el pensamiento de Manuel Ugarte” y “Perón y el peronismo en el sistema mundo del siglo XXI”.
* Director Académico de la Escuela de Políticas de la Fundación Democracia del Círculo de Legisladores del Congreso de la Nación Argentina.


EL SIGNIFICADO GEOPOLÍTICO DE VENEZUELA EN EL MERCOSUR

Resumen
En el presente artículo se analiza la importancia geopolítica de la incorporación de Venezuela al Mercosur. Al estudiar dicha incorporación desde el punto de vista histórico, el autor destaca la originalidad del hecho y enfatiza su articulación como instancia superadora del histórico proyecto unionista del Libertador Simón Bolívar.

Asimismo, se señala la conexión existente entre la estrategia continental bolivariana, las necesidades del presente y reactualización de intentos anteriores para concretar la unidad de la nación latinoamericana.

Palabras claves: Unidad Nacional Latinoamericana- Mercosur- Proyecto histórico bolivariano-


INTRODUCCIÓN

El pasaje del siglo XX al siglo XXI se produce en el medio de un gran debate político sobre las condiciones en las que se regirá el sistema mundo del siglo XXI.

El fin de la guerra fría produjo un quiebre de la bipolaridad EEUU-URSS y en el fondo lo que parecía el principio de la posguerra fría como el triunfo de la supremacía del modelo capitalista encarnado en los EEUU cuyo apogeo máximo se dio en la Primera Guerra de Irak -1991- emerge en la primera década del siglo XXI como el nacimiento de una nueva dinámica geopolítica, cuyos signos todavía no aparecen nítidos, pero nos permiten afirmar que nos hallamos en las vísperas de un mundo multipolar.

La globalización tomada como un proceso histórico multidimensional de interconexión sistémica geopolítica, lleva cinco siglos ya que nace en el siglo XV. Aquí es importante diferenciar globalización –como proceso histórico- de neoliberalismo –subfase de la globalización- coincidente con el apogeo del Consenso de Washington.

Cuando parecía que el neoliberalismo arrasaba con el Estado como unidad política, y donde toda la atmósfera social era asfixiada por el mercado, la caída financiera global nos devuelve a la historia, que en verdad no volvía, sino que nunca se había ido. Lo que la superficie mostraba en el supuesto fin del Estado, bajo el lema el mercado gobierna y el Estado administra, era desmentido rotundamente.

En realidad estamos asistiendo al fin de un tipo de Estado, nos referimos al Estado-nación industrial clásico nacido de la descomposición del Medioevo con la modernidad europea.

Entre los siglos XV y XX habían sido actores de la política mundial los Estados-nación industriales, aunque no todos llegaron a ese umbral de poder.

Cuando hablamos de Estado-nación industrial clásico nos referimos estrictamente a Inglaterra, Francia, Italia, Alemania y Japón (Cf. Ferrer).

En el siglo XX hace su aparición el primer Estado-continental industrial de la historia, los Estados Unidos y los demás Estados se volvieron secundarios o Estados en medianía.

Tal como lo previó el geógrafo alemán F. Ratzel sólo los Estados-continentales industrializados podrían ser portadores de soberanía o capacidad de autonomía y más aún, observó que sólo Rusia –si se industrializaba- podía equipararse al nuevo poder continental mundial (recordemos que Ratzel actuó en la transición del siglo XIX al XX).

Ratzel, podemos decir con seguridad, delineó con claridad meridiana el siglo XX, o sea la bipolaridad de dos Estados-continentales. Más aún, advirtió cómo alemán a los europeos de que si no se practicaba una política de unidad europea, ésta quedaba al margen de la historia (Cf. Weigest 1943).

Simultáneamente, la generación latinoamericana del ‘900, a su manera son los ratzeles latinoamericanos. José Martí, José E. Rodó, Manuel Ugarte, Rufino Blanco Fombona, García Calderón, hacen un llamado a la unidad de la Patria Grande y recuperan para el siglo XX a Bolívar, en el marco de las exigencias del nuevo siglo. Cabe aclarar que la Patria Grande iba más allá del unionismo hispanoamericano de San Martín y Bolívar e incluía a Brasil, para convertirse en latinoamericanismo (CF. Barrios 2007).

Retomando el hilo conductor inicial, la clave del sistema mundo del siglo XXI será la conformación de un orden multipolar compuesto por Estados-continentales industriales, más allá que en las relaciones internacionales haya una pluralidad de actores públicos y privados. Esos Estados-continentales industriales serán los Estados Unidos, China, Rusia, India, Europa, y aquí nos surge el interrogante: ¿Qué pasará con América Latina? ¿Cuál es la importancia geopolítica de América del Sur? ¿En qué reside la importancia geopolítica del ingreso de Venezuela al Mercosur?



AMÉRICA DEL SUR EN LA GEOPOLÍTICA MUNDIAL

América Latina constituye la comunidad histórico cultural que surge como consecuencia de los choques y confluencias del mestizaje ibérico –con su variante hispánica y portuguesa- y las multiplicidades de etnias indígenas y africanas.

Esa nación cultural no es un todo homogéneo, pero sí es un todo y abarca desde México hasta Tierra del Fuego y sus matices derivan de la forma en que fue conformado el mestizaje. Los elementos comunes fueron la lengua, la religión cristiana y el origen común. Esa nación como cultura posee cinco siglos de personalidad propia y original (Cf. Ribeiro 1996). Desde un enfoque geopolítico, el macizo sudamericano es la isla más importante geoestratégicamente de América Latina. América Central y el Caribe se hallan excéntricas de América del Sur y además limitan en forma directa con los EEUU, en el fondo constituyen el perímetro de seguridad externa de los Estados Unidos.

Por ello, desde nuestro análisis, sólo habrá unidad latinoamericana en la medida en que el prime paseo sea la unidad sudamericana. Es desde el macizo sub-continental sudamericano de donde debe partir el camino hacia la construcción de la Patria Grande Latinoamericana. Ésta fue la política continentalista de Juan D. Perón, el re inventor de la política latinoamericana en el siglo XX –y XXI- al distinguir el camino principal del secundario, y no hacer una estrategia amorfa que se convierte en una no-estrategia (Cf. Barrios 2008).

Los actuales tiempos turbulentos nos exigen formas inéditas de repensarnos para estar a la altura de los acontecimientos históricos. Desde este axioma nos parece que el Mercosur obliga a replantearnos caminos que vayan más allá de los necesarios pasos intermedios de un mercado común, hacia la materialización Estado-continental latinoamericano.

El núcleo fundamental geopolítico de la unidad sudamericana ha tenido una rectificación en relación a la época de Perón, es decir del Nuevo ABC: Argentina, Brasil, Chile. Hoy, lo primordial ya no es la unidad de Argentina, Brasil y Chile, sino que la verdad básica es la alianza Argentina, Brasil y Venezuela.

Esto es lo que Perón ni Vargas percibieron con total claridad, porque no había aún condiciones suficientes para pensarlo. Estamos ante la extraordinaria percepción y la nueva navegación de la historia venezolana, la cual por primera vez se lanza hacia el Atlántico Sur, a la frontera viviente; Venezuela geopolíticamente en su origen formaba parte del mundo antillano.

Y el primero da un contexto continental sudamericana es Bolívar, quien abre la ruta andina y llega hasta Bolivia –Chávez, en cambio, inaugura la gran ruta del Atlántico Sur, es decir la alianza de Venezuela con Argentina y Brasil. Esto, geopolíticamente introduce un equilibrio nuevo.

Hace medio siglo, Argentina podía tener una alianza más equilibrada con Brasil. Hoy no está en condiciones de hacerlo. En consecuencia, gracias a la bipolaridad de Argentina-Venezuela junto a la frontera con Brasil existe un mínimo de equivalencia posible para fundar una unidad común en serio.

Una unidad entre hermanos sin hegemonías. Venezuela en su camino del Atlántico Sur se lanza decisivamente a salvar el equilibrio del núcleo inicial argentino-brasileño, lo que constituye mejores y mayores condiciones de igualdad para la integración. Una integración entre desiguales termina en la hegemonía. Se trata de llevar una delicada política que evite una hegemonía brasileña porque ella traería la destrucción de América del Sur y de América Latina como posibilidad. Sería una hegemonía más entre otras y llevaría al fracaso común, tanto de quienes intentan esa hegemonía como de los que la resisten. Sería el mayor perjuicio para el destino de Brasil. Todos perderíamos. Hay que ayudar a la realidad, ella es que Venezuela suple las deficiencias básicas argentinas y permite una relativa mayor igualdad en asuntos básicos. Y desde este núcleo Argentina-Brasil-Venezuela se podría reimpulsar una clara política hacia los países más pequeños –que es el déficit actual- para que no quedemos huérfano en los asuntos básicos de los que hablamos.

El Mercosur en su impostergable paso hacia el Estado-continental industrial nos brindará mayores márgenes de viabilidad para afrontar los macro-desafíos, siempre que sus países renuncien a cualquier liderazgo regional unilateral y actúen con generosidad con los países más pequeños y sobre una base de consenso previo y de interés estratégico.

El siglo XXI convoca a la política de los grandes espacios continentales –como predijo J. Perón, el primer teórico y político de la autonomía de la periferia- dentro de los cuales un bloque se debe integrar en lo económico, social, cultural, político y en defensa y seguridad. Con una actuante visión nacional-continentalista podemos percibir el agotamiento definitivo de nuestros Estados-insulares en la globalización (Perón ya lo veía en la mitad del siglo XX).

Los puntos vitales geopolíticos y geo-económicos para la viabilidad del Mercosur hacia un Estado-continental son: poder alimentario, agua, energía, población y renta estratégica (Barrios 2006). Como unidad geopolítica y geo-económica América del Sur está compuesta por doce países dentro de un espacio contiguo, posee 360 Millones de habitantes, cerca de 67% de todo el continente latinoamericano y el equivalente a seis por ciento de la población mundial, con una gran integración lingüística dado que casi la totalidad habla español y portugués sobre la base de su matriz hispano-lusitano.

Su población es mayor que la de los Estados Unidos (293.027.771 habitantes), su territorio de 17 millones de kilómetros cuadrados es el doble del estadounidense y posee una de las mayores reservas de agua dulce y biodiversidad del mundo, así como inmensas riquezas minerales, pesca y agricultura. Más aún, la integración del Mercosur, con un producto bruto interno de Un Mil Millones de dólares, y la Comunidad Andina, hace del futuro Estado-continental Sudamericano una potencia mundial con una masa económica mayor que la de Alemania y muy superior a la suma del producto bruto interno de México y Canadá.

Los macro-desafíos que enfrentará el Estado-continental industrial latinoamericano en los próximos cincuenta años son:
* Pérdida de habitabilidad en el planeta debido a los daños irreversibles en la biósfera.
* Ausencia de institución, en el primer tercio del siglo, de un orden internacional satisfactoriamente nacional, lo cual llevará a la alternativa indeseable de: (a) formación de un imperio mundial que someterá a todos los pueblos al arbitrio de un único país –la menos posible-; (b) formación de una nueva bipolaridad: EE UU—China dentro de la cual eventualmente se incluiría a Rusia y que establecería el riego de un holocausto nuclear; (c) agravamiento de la asimetría Norte-Sur y en muchos países diferencias abismales entre sectores ricos y sectores miserables, lo cual generaría conflictos sociales insanables e incontrolables formas de terrorismo; y (d) insostenibilidad material de la civilización industrial ultrapasando las reservas de diversos minerales y de otros insumos de los cuales depende el proceso industrial (Jaguaribe, en Nun y Grimson 2006).

Hoy podemos sostener que el programa de Bolívar, San Martín y Perón constituye el único programa de acción para rediseñar el espacio de nuestra soberanía en la era de la globalización.

El ingreso de la República Bolivariana de Venezuela al Mercosur, significa un salto cualitativo y cuantitativo de enormes proporciones porque por primera vez un país caribeño insertado en el macizo geopolítico sudamericano, donde se juega la unidad latinoamericana, renueva su tradicional y apuesta a la Cuenca del Plata y da un paso delante de la geopolítica antillana y andina del Libertador.


BOLÍVAR Y LA GEOPOLÍTICA ANTILLANA Y ANDINA

Al iniciarse la revolución todos los grandes jefes llevan en su cabeza el proyecto nacional unionista hispanoamericano (que no incluía a Brasil). Durante cinco años, de 1811 a 1816, el antiguo Reino de Nueva Granada vive una era conocida con el nombre de “La Patria Boba”.

La Junta de Caracas, en abril de 1810, reclamaba la obra magna de la confederación de todos los pueblos españoles en América. Bolívar expresa la conciencia nacional común. El Libertador repitió en la primera etapa de su lucha, el error de Miranda: mantener la quimera de una República abstracta, donde los mantuanos no pierden sus privilegios.

Por ende, la crisis española se transforma en Venezuela en guerra de clases antes que en revolución independentista.

Durante siete años, desde 1810 hasta 1817, los patriotas mantuanos representan las clases privilegiadas.

Los hombres de los llanos de Venezuela constituyen la mejor caballería a lanza de América y su jefe es Boves, un asturiano.

La lucha entre Boves y Bolívar en estos años era la lucha entre los ejércitos de llaneros y esclavos y los cultos terratenientes cuyo jefe es Bolívar.

Esta lucha se prolonga hasta 1817 y concluye con la derrota total de Bolívar y su fuga a Jamaica y Haití.

La residencia en Haití y su amistad con el presidente mulato Alejandro Petion aparece como decisiva. Sin exagerar, podemos afirmar que el mulato analfabeto le brinda el programa geopolítico antillano al altivo futuro Libertador y que fue el puntapié inicial de todo.

En efecto, el apoyo brindado por Petion a sus proyectos hace que el fracasado Bolívar pueda regresar de Jamaica –de las Antillas- a Venezuela al frente de una nueva expedición. En el tratado firmado en febrero de 1816 entre Petion y Bolívar se establecía claramente que el cambio de ayuda en hombres, víveres, naves y armas, Bolívar se comprometía a abolir la esclavitud. En ex esclavo le da hasta el punto capital de su programa y arma la ruta antillana de Bolívar.

Entre 1817 y 1824 con la geopolítica antillana hacia el macizo sudamericano se abre el período de los grandes triunfos militares y políticos de Simón Bolívar.

En 1818 convoca al Congreso de Angostura. Allí sanciona una Constitución. Llevará para siempre el título de Libertador y fundador de Repúblicas que se inicia a partir de su re-inventiva, en conjunto con Petion, de la geopolítica antillana.

San Martín, el otro Libertador, luego de la entrevista de Guayaquil (en 1821) renuncia al Protectorado del Perú y deja a Bolívar la culminación de las guerras de la independencia (Cf. Pérez Amuchástegui 1966). En el Perú, estalla una furiosa lucha de facciones y en semejante caos, llega el general Sucre con sus colombianos, preparando la llegada de Bolívar para empezar la ruta andina. El Libertador está en Lima el 1º de septiembre de 1823. Asumió el gobierno del Perú y nombró a Sucre, general en jefe del ejército colombiano-peruano. Al mismo tiempo suprimía la mita y los repartimientos de mita.

Es en tal situación política y militar que un general de 29 años de edad, José Antonio Sucre, enfrenta en las montañas de Ayacucho al ejército español. La guerra civil de la independencia se producía en el centro de las antiguas colonias, en el Alto Perú.

El Libertador Simón Bolívar a través del Mariscal Sucre con Ayacucho culmina la guerra de la independencia -9 de diciembre de 1824- en la ruta geopolítica andina.

Desde 1816 a 1824 pasaron dos geopolíticas: la antillana emprendida con la ayuda de Petion y la andina, una vez que San Martín pasa a un lado para que el otro libertador culmine (Cf. Bushnell 2002).

Buenos Aires abandona el Alto Perú, las provincias altoperuanas constituyen la República de Bolívar y el Libertador queda débil en el Congreso de Panamá de 1826.

De este modo, el hombre que se proponía crear una gran nación latinoamericana con las provincias emancipadas de España, era convertido en el fundador de una provincia erigida en Nación (Ramos 2006: 209).

En esto reside el drama de Bolívar, y el agotamiento de su proyecto antillano y andino ante la fragmentación de la América hispánica y que será renovado por Chávez.


CHÁVEZ Y LA GEOPOLÍTICA DEL ATLÁNTICO SUR

La posterior fragmentación de la América hispánica encorsetó geopolíticamente a Venezuela en el arco andino-caribeño, es decir donde había desarrollado su acción –según lo analizado- el Libertador Simón Bolívar.

Ésta es la razón de la participación de Venezuela en el Pacto Andino en 1969 –año de su fundación-.

El presidente Hugo R. Chávez, como heredero del unionismo bolivariano en la concepción geoestratégica de conformar una “Nación de Repúblicas” reinventa la tercera ruta geopolítica de Venezuela en su historia, no como una de ruptura sino como continuidad de las dos anteriores en el objetivo de la unidad y encuentra el camino estratégico del Atlántico Sur para Venezuela, con una originalidad inédita para la historia de ese país hermano.

Venezuela, es como un engranaje, un engranaje geopolítico entre el Caribe, la Amazonia y los Andes y tiene una excepcional ventaja geopolítica. En la fachada caribeña, Venezuela limita por el Norte no como nos enseñaron a nosotros cuando éramos niños con el Mar Caribe, no. Venezuela limita por el Norte con la República Dominicana, Venezuela limita por el Norte con Estados Unidos, ahí está el Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Venezuela limita por el Norte con los países bajo el Reino de los Países Bajos, Venezuela limita por el Caribe con Francia, los llamados territorios de ultramar, lo cual nos da una configuración geopolítica sumamente interesante; además de todos estos países, Venezuela pertenece a esa gran cuenca del Amazonas, siete millones de kilómetros cuadrados –me refiero a toda la cuenca- con la que nos interconectamos no sólo con la selva, sino con los grandes ríos. El Orinoco se une con el Amazonas por ejemplo, en una gigantesca arteria vial, es como una arteria del continente sudamericano, una de las riquezas más grandes que tiene todo el planeta, en cuanto a recursos, biodiversidad y reservas para la vida humana (Chávez en Buela 2002: 87).

Aquí observamos de primera fuente la concepción geoestratégica sudamericana de Hugo Chávez, en un paso hacia delante como continuidad de la ruta andina.

Alberto Buela sostiene que la teoría del rombo Bs. As., Lima, Caracas y Brasilia permitiría la creación de un Gran Espacio bioceánico, con salida tanto al Pacífico como al Atlántico. En el fondo es el ensamblaje con UNASUR del Mercosur y la Comunidad Andina (Buela 2002: 88).

El eje Lima-Caracas es fundamental para la estrategia particular del Brasil pues pone límites a la injerencia internacional sobre la Amazonia.

En cuanto al eje Caracas-Brasilia le permitiría a Hugo Chávez a y a Lula Da Silva, latinoamericanizar Cuba a través del ingreso al Grupo Río y del ALBA.

El eje Brasilia-Buenos Aires es el núcleo básico de aglutinación del futuro Estado-continental industrial de este gran espacio sudamericano.

Como conclusión afirmamos que, Venezuela –al vincularse con la Cuenca del Plata- va confirmando una novedad como espacio geo-económico que va desde el Caribe hasta Tierra del Fuego, por lo que podemos observar los primeros pilares del futuro Estado-continental Sudamericano, que será lo único que nos dará capacidad de autonomía en el siglo XXI.






REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Barrios, Miguel Ángel (2008) Perón y el peronismo en el sistema mundo del siglo XXI. Bs. As.: Editorial Biblos.
Barrios, Miguel Ángel (2007) El latinoamericanismo en el pensamiento político de Manuel Ugarte. Bs. As.: Editorial Biblos.
Barrios, Miguel Ángel (2006) “El sistema mundial en el siglo XX”. Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos –ANEPE- del Ministerio de Defensa Nacional de la República de Chile. www.anepe.cl –Noviembre de 2006-.
Chávez, Hugo (2002) “Visión estratégica de Venezuela”. Conferencia en la Escuela Diplomática de Madrid, 16 de febrero de 202 En Buela, Alberto Metapolítica y filosofía. Bs. As.: Ediciones Theoria.
Ferrer, Aldo Historia de la globalización. Orígenes del orden económico mundial. Bs. As.: F. C. E. Tomos I y II.
Jaguaribe, Helio (2006) “Argentina y Brasil en el siglo XXI”. En Nun, José y Alejandro Grimson (compiladores) Convivencia y buen gobierno. Naciones, nacionalismo y democracia en América Latina. Bs. As.: Edhasa.
Pérez Amuchástegui, Alejandro J. (1966) Ideología y acción de San Martín. Bs. As.: Editorial Ábaco de Rodolfo Depalma.
Ramos, Jorge Abelardo (2006) Historia de la nación latinoamericana. 2nda. edición Bs. As.: Senado de la Nación.
Riberiro, Darcy (1996) América Latina. La Patria Grande. Brasilia: Guanabara.
Weigest, Hans (1943) Generales y geógrafos. Bs. As.: F. C. E.

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